PARIS.- Marco Trungelliti nació en Santiago del Estero, vive en Barcelona, tiene 28 años y está en el puesto 190° del ranking mundial. Desborda simpatía, suele dejarse la barba de algunos días, el cabello largo y enrulado, y juega como puede: con alma, corazón y vida. Al padre le agradan las ciencias (es bioquímico), a la madre los números (es contadora) y a él, los peloteos desde la base de las canchas de polvo de ladrillo. No es alto (1,72m), su principal virtud es la consistencia, nunca ganó un título y, desde 2008, cuando empezó con la aventura profesional con un bolso con pelotas y raquetas por el mundo, ganó 578.242 dólares, una cifra exorbitante para el público en general, pero insignificante para los mejores del planeta. Un ejemplo: los cracks que llegan a la meta de las semifinales en un grande como Roland Garros se llevan 560.000 euros. Para los del bajo fondo, pisar una cancha subterránea sobre la arcilla de París es una recompensa extraordinaria: unos 40.000 euros por participar.