Elis Leonidovna Gonn, la mujer de origen ruso que atacó con ácido al sacerdote Mario Guevara, el pasado miércoles en la Catedral Metropolitana de Managua, tenía dos meses y medio de haber ingresado a Nicaragua junto con su hija de dos años de edad, y hace un mes alquilaba por 90 dólares un pequeño cuarto en una zona céntrica de Managua, donde según sus vecinos casi no se mantenía durante el día y mostraba una conducta agresiva cuando intentaban saber más sobre su vida en Europa y los motivos de su viaje.

El domicilio que rentaba Leonidovna está ubicado a menos de un kilómetro de la Catedral, y en su cuerpo la mujer de 24 años luce varios tatuajes con motivos católicos: una corona de espinas en su cuello, una cruz en el brazo, la imagen de una Virgen en el otro. Además, tras su captura ha dicho que “odia a los hombres” y que “el diablo le ordenó matar”. Sin embargo, nada explica aún los motivos por los cuales atacaría al sacerdote de 59 años de edad, que sufrió quemaduras en el rostro, cuello y un brazo.

El director jurídico del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Gonzalo Carrión, opina que ya había un guion preparado para culpar del ataque al movimiento feminista que le ha plantado la cara al régimen orteguista, puesto que la ciudadana aparece con la camiseta de un feto levantando el dedo medio, y de inmediato los medios oficialistas publicaron que la rusa era una “feminista abortista”.

Según Carrión, el ataque busca infundir “terror” entres los curas y feligreses, y además dañar un acercamiento entre los movimientos feministas y los sacerdotes, que han estado presentes en las protestas cívicas contra el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, cuya brutal represión ha dejado 325 muertos confirmados y más de 500 presos políticos.

El defensor de derechos humanos estima que es “mucha casualidad” que el atentado ocurriera tres días después que  Ortega retomará sus ataques contra los obispos de la Conferencia Episcopal, a quienes llamó “terroristas” y “criminales”. Además, en las semanas previas los medios oficialistas también han dirigido sus campañas en contra de los movimientos feministas a los cuales el Gobierno no les permitió marchar el pasado 25 de noviembre, en conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Carrión también recordó que horas antes del ataque, se había difundido en las redes sociales y aplicaciones de mensajería, el video de un ciudadano, que se identificó como militantes sandinista, y aseguró estar dispuesto a matar a todos los católicos.

“Avance” policial lleno de confusiones

La Policía Nacional divulgó un comunicado, el pasado seis de diciembre, en el que afirma que Leonidovna deambulaba por las calles de Managua junto con su hija, “alimentándose únicamente con caramelos”, pero a la vez “alquilaba un cuarto en el reparto Los Robles”, una zona urbana de clase media-alta.

Según la institución policial, la mujer tiene condición de refugiada en Italia, “la que obtuvo argumentando ser perseguida en su país de origen, por su orientación sexual (lesbiana) y pertenecer al movimiento feminista”. “Dice ser enemiga de los hombres, a los que odia, su hija fue concebida por inseminación artificial”, añadió el comunicado.

Los motivos del ataque al sacerdote, según lo único que ha revelado la Policía, es que Leonidovna aseguró que “el diablo le ordenó matar a alguien, de lo contrario le quitaría la vida a ella”. Aunque no explica porqué la mujer elegiría al sacerdote o porque usaría ácido sulfúrico.

Según Migración y Extranjería, Leonidovna ingresó a Nicaragua el 17 de septiembre, con su hija de dos años, a través del Puesto de Control de Fronteras El Espino, en Madriz, en la frontera norte del país.

Dudas por la Policía

Carrión comentó que las explicaciones de la Policía dejan muchas dudas. “No tiene sentido que (la ciudadana) venga huyendo de Rusia para refugiarse en Nicaragua, que es un país con una dictadura y que es amigo de Rusia”.

Otro elemento que no se ha explicado es el estado migratorio de la rusa en Nicaragua. “En qué condición jurídica entró a Nicaragua, sobre todo siendo un país que exige a los extranjeros justificar a qué vienen al país”.

“La Policía está operando como una unidad político militar al servicio del régimen”, según el defensor de derechos humanos, quien afirmó que “si no fuera una tragedia sería una pésima comedia”.

“El país está en indefensión porque el Estado y sus cuerpos para prevenir delitos son los que más lo están cometiendo delitos”, agregó.

La Policía no ha dado detalles sobre la menor con la que Leonidovna siempre se movilizada. Vecinos en la vivienda que alquilaba aseguraron a CONFIDENCIAL que la mujer siempre andaba junto a la niña, jugaba con ella y la cargaba. También que ambas se ausentaban durante casi todo el día y regresaban por la noche, donde dormían en una hamaca.

Agentes de la Policía que llegaron a la vivienda después del ataque habrían encontrado otros tres pasaportes entre las pertenencias de la mujer, además del número 6646016 de Rusia, que cargaba en su bolso al momento de agredir al sacerdote, según comentaron los vecinos.

Sacerdote perdona agresión

El sacerdote nicaragüense Mario Guevara, quien sufrió lesiones en su rostro al ser rociado con ácido sulfúrico por Leonidovna, perdonó a su agresora y llamó a “tener misericordia con la muchacha”, afirmó el obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez.

“El padre Mario Guevara, con mucha sencillez y humildad, ha perdonado y llamado a tener misericordia con la muchacha que lo atacó, esa es la actitud de un creyente, nosotros perdonamos para poder tener alegría en el corazón”, dijo el obispo.

Guevara, de 59 años, sufrió quemaduras “graves” en el rostro y otras partes de su cuerpo a causa del ataque que ocurrió durante una sesión de confesiones, cuando la mujer se acercó al sacerdote por detrás y descargó un recipiente con el ácido, según testigos.

Otras cinco personas que estaban cerca del párroco también resultaron con quemaduras leves, según la información policial. Guevara fue trasladado de emergencia a un hospital, fue dado de alta tras una cirugía menor y se encuentra estable, según fuentes religiosas.

La Arquidiócesis de Managua divulgó una nota de prensa en el cual “lamenta” el hecho ocurrido y afirmó que las “intenciones de este ataque están siendo investigadas por la Policía Nacional”.

El cardenal Leopoldo Brenes descartó que la mujer haya tenido motivos políticos, y solicitó oraciones por el sacerdote, que además padece de diabetes.

Las relaciones entre la Iglesia católica y el Gobierno de Nicaragua se mantienen tensas desde que el presidente Daniel Ortega acusó al Episcopado de apoyar un “golpe de Estado” en su contra, en medio de la crisis sociopolítica que ha dejado 325 muertos, según la CIDH, y más de 500 presos políticos, según el Cenidh.

Desconocida entre feministas nicaragüenses

Evelyn Flores, enlace nacional de la Red de Mujeres Contra la Violencia, afirma que el enfoque de este caso debe ser el delito, no la nacionalidad, orientación sexual o género. “Sentimos que hay muchos señalamientos hacia ella por ser mujer, lesbiana o que si es o no feminista. Ella cometió un delito y debe ser llevada a la justicia, lo demás es irrelevante”, opinó.

Por otro lado, aseguró que Leonidovna no representa a ninguna organización o expresión feminista nicaragüense ni es conocida entre estos grupos que mantienen una estrecha colaboración.

Flores enfatizó la escalada de represión, intimidación, persecución y desprestigio por parte de las autoridades en contra de organizaciones de Derechos Humanos, oenegés, defensores, feministas y medios independientes. “Condenamos estas agresiones y vamos a accionar utilizando los mecanismos internacionales para suscitar condena y solicitar protección ante esta situación”, declaró.

Murillo condena ataque

La esposa de Ortega y vicepresidenta, Rosario Murillo, condenó el ataque con ácido sufrido por el sacerdote, que además se desempeña como vicario de la Catedral Metropolitana de Managua.

“Este hecho ocurrido en una iglesia llama a la reflexión y por supuesto a la condena”, dijo.

Sin embargo, esta es la primera vez —desde que iniciaron las protestas contra el régimen— que la mandataria se pronuncia ante una agresión a la Iglesia católica, pese a que se han registrado ataques como los ocurridos el nueve de julio en Diriamba, por simpatizantes del Frente Sandinista. Murillo incluso había justificado las agresiones como una expresión de “cristianismo”.

Desde que los obispos de Nicaragua tomaron el papel de mediadores entre el Gobierno y la Alianza Cívica, en el Diálogo Nacional actualmente suspendido, las agresiones oficialistas a la Iglesia católica se han agudizado y los jerarcas han sido tachados de “cómplices de los golpistas” incluso por el mismo Ortega.

Desde el 22 de mayo, la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), denunció amenazas de muerte dirigidas a monseñor Silvio Báez. El 9 de julio, un grupo de sacerdotes y obispos llegó a Diriamba con el fin que cesaran los ataques en dicha ciudad, pero fueron agredidos por simpatizantes del partido. Luego, el 13 de julio, paramilitares amparados por la Policía Nacional rafaguearon por más de 18 horas la iglesia Divina Misericordia, donde se refugiaban periodistas y decenas de jóvenes que permanecían atrincherados en la UNAN-Managua. El Gobierno no se pronunció en ninguno de estos ataques.

(Con colaboración de Claudia Tijerino e información de EFE)