Con esta consigna motivadora, la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia de la que forman parte las principales organizaciones de la empresa privada, llamó a un paro nacional de 24 horas a realizarse este jueves 14 de junio.

El paro nacional ocurre en el día 58 de las protestas contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, a quienes se les exige dejar el poder para poder comenzar la nueva democratización de Nicaragua. Además, este paro nacional se realiza dos días después del exitoso paro local de León, que fue también de 24 horas, en el cual las fuerzas democráticas y sanas moralmente de la sociedad leonesa dieron una gran demostración de unidad en la acción y compromiso de lucha contra la dictadura.

El paro nacional de 24 horas tiene propósitos específicos que han sido indicados en el comunicado de convocatoria de la Alianza, y en el que emitió el Cosep para ratificar su respaldo a esta gran jornada de lucha cívica y pacífica.

Ante todo el paro es para exigir el cese de la criminal represión policial y para policial del régimen orteguista. En segundo lugar, reiterar la demanda de implementación de las 15 recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a lo cual se comprometió oficialmente el gobierno de Ortega. En tercer término, pedir que representantes de organismos internacionales se involucren como garantes de los eventuales acuerdos que se pudieran adoptar en el Diálogo Nacional. Y, finalmente, apoyar a la Conferencia Episcopal de Nicaragua e instarla a seguir actuando como mediadora y testigo del Diálogo Nacional.

Específicamente, el objetivo de este paro nacional de 24 horas no es derrocar a la dictadura de Ortega y Murillo. Sin embargo, igual que los tranques, los plantones y las manifestaciones cívicas multitudinarias, el paro nacional viene a ser una parte muy importante
del movimiento social general que apunta a poner fin al régimen dictatorial y rescatar la libertad y la democracia para todo el pueblo nicaragüense.

En cualquier caso, independientemente de los altos costos económicos que tiene el paro nacional, sobre todo cuando se prolonga por mucho tiempo, constituye una poderosa herramienta de presión social que puede ser muy efectiva al combinarse con otras
modalidades de lucha de los ciudadanos. Entre la fuerza democrática de la calle y el poder criminal de la dictadura hay actualmente una especie de empate, después de 57 días de lucha incesante.

Ortega ya no puede seguir gobernando igual que lo venía haciendo hasta el 18 de abril –ni puede aplastar la revolución cívica, como lo ha pretendido–, pero el pueblo tampoco ha podido, hasta ahora, derrotar al régimen dictatorial.

En circunstancias cuando la violencia desde abajo está descartada para enfrentar y derrotar la violencia armada de arriba, o sea del poder dictatorial, los paros nacionales combinados con el fortalecimiento de los tranques, las manifestaciones populares y la unidad y
firmeza en el Diálogo Nacional, pueden ser determinantes para modificar esa correlación de fuerzas, de manera definitiva, en favor de los ciudadanos que se han insurreccionado pacíficamente para conquistar la libertad y la democracia.

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